• Sergio Londoño-González

Derecho procesal y gobierno corporativo: el abominable slogan probatorio

Hay maridajes que, aunque extraños en apariencia, pueden funcionar sorprendentemente bien. La sal y el caramelo, por ejemplo. O las colaboraciones musicales de Lady Gaga con Tony Bennett. La cinematografía impecable de Lubezki bajo la osada dirección de Malick. Aquí va otro maridaje insólito: derecho procesal y gobierno corporativo. En Colombia han sido apenas esporádicos, por decir lo menos, los diálogos francos y constructivos entre ambas disciplinas. Sin embargo, el vínculo entre ellas es más importante de lo que salta a la vista. Las intersecciones podrían ser objeto de incontables entradas en este blog: desde los autos de medidas cautelares como instrumentos para propiciar acuerdos eficientes entre accionistas, pasando por la condena en costas como mecanismo para desestimular el oportunismo de accionistas minoritarias o vigorizar el litigio societario, hasta llegar a la legitimación en la causa como herramienta para robustecer la disciplina de administradoras sociales y accionistas controlantes. Los ejemplos podrían recitarse hasta el infinito. En esta oportunidad, sin embargo, quisiera hacer énfasis en un punto de contacto que me desvela con incesante frecuencia: el régimen probatorio y su relación con las asimetrías de información en el contexto societario.


A decir verdad, muchas de mis estudiantes se sorprenden cuando, al momento de analizar algunos casos emblemáticos resueltos en otras jurisdicciones, descubren que el litigio societario en economías industrializadas suele apartarse de aquel espantoso mantra según el cual “la parte que alega prueba”. Me atrevo a decir que en nuestro país se ha abusado de semejante slogan. De hecho, y posiblemente como consecuencia de esa odiosa frase, varios colegas seguramente habrán sido testigos de la titánica (y habitualmente infructuosa) labor que debe emprender una accionista minoritaria para excavar información que soporte sus pretensiones en un eventual litigio.